
Chequeamos puerta de embarque, hora, asiento. Okey.
*La Gomera, La Gomera, es*… Maria José ya me pegó la canción y la tropicumbia rebota en mi cabeza como pelota de ping-pong.
La Gomera es una isla que conozco conocía bien. Es la isla más próxima a la mía y era frecuente que en numerosos veranos, mi familia y yo, nos dejásemos ver por la isla colombina. Pero me confundía, luego me explico.
Oye, por cierto, que no comentamos nada, de nuevo estoy dentro de Islabentura y por ende, en este blog. Saludos a internautas, aspirantes y cineastas que nos leen. Esta edición vengo con un proyecto diferente: Gonsalvus. Pensé en La Gomera buscando una atmósfera concreta: de quebradas y barrancos, de palmerales y tabaibales, de sol y niebla, de bicácaros y bejeques.
Una de mis películas favoritas es Guarapo, y volver a La Gomera pensando en localizaciones para mi película me hacía especial ilusión.
10:00 de la mañana. Hotel Torre del Conde. Quedo con Juan Carlos, mi guía. Comenzamos. Empezamos un tour de localizaciones. Vemos de todo: La Gomera folclórica, La Gomera indómita, La Gomera indígena, La Gomera turística. Todito. Y wow. Como una isla tan pequeña te ofrece tantas primeras veces, tantas veces.
Le dije a Juan Carlos que no buscaba una localización concreta, estaba buscando spots que sugirieran o transmitieran una energía determinada. Paralelamente al redescubrimiento de La Gomera, descubría a Juan Carlos. Me contaba su vida, su historia, lo que hizo, lo que hace, su pasión por el vuelo de drones. Y, ah, formó parte del “Yaiza Borges”. Increíble. El colectivo que engendró la semilla del sine en Canarias. Un trocito de historia viva del medio al que nos dedicamos.
Conocía ya algunos sitios que me llevó Juan Carlos. Otros no. Pero el hecho de volver a la isla con la mente en modo búsqueda, tener la explicación de un local y sobre todo el dulce barniz romántico de pensar en la posibilidad de que mi peli se materialice en algunos de los sitios que visitamos, me hizo ver La Gomera con otros ojos.
No sé si con los ojos de un cineasta o de un guionista, pero de lo que estoy seguro, es que eran unos ojos plenamente conscientes del lujo que es permanecer, ser y estar en un lugar como este.
Porque a veces uno cree conocer un territorio solo por haberlo recorrido antes. Pero hay lugares que no se terminan nunca de conocer; simplemente esperan a que regreses siendo otra persona. Y quizá de eso iba este viaje: no de encontrar localizaciones, sino de reencontrarme con una isla que, mientras intentaba imaginar una película, me recordó también quién soy y desde dónde miro el mundo.
Al final, todo se trata de reimaginar, reescribir, redescubrir. Al final, todo se trata de reimaginar, reescribir, redescubrir. De volver a los mismos lugares con una mirada distinta y redescubrir que el territorio también cambia cuando cambias tú.
Quizá por eso hacemos cine: para intentar atrapar algo que siempre estuvo ahí, esperando a ser visto de otra manera.




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