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Pablo FajardoProceso Creativo

UNA HISTORIA DENTRO DE OTRA

Dicen que un guion no se termina nunca. Simplemente, llega un momento en el que se entrega. Supongo que algo parecido ocurre con este laboratorio. Aunque oficialmente ya haya terminado, una parte de mí y –juraría– de todos nosotros, aún sigue en Canarias. Las experiencias acumuladas, los momentos compartidos, las amistades que ya se van a mantener y ese grupo de whatsapp que sigue tan activo como desde el primer día son el síntoma inequívoco de que Islabentura perdurará en el tiempo. Y lo que es más importante: que de este proceso han nacido algo más que dieciséis buenas historias.

También dicen que, en todo buen guion, su protagonista debe contar con un arco de transformación. Ése que marca la evolución del personaje protagonista una vez que ha alcanzado el objetivo para el que estaba predestinado. Decía George Lucas que las películas son como las guerras: nadie regresa de ellas siendo el mismo. En otras palabras, las experiencias te cambian. Y este laboratorio me ha servido para comprender, entre otras cosas, que la escritura no es siempre un proceso individual. También puede suponer un arte colectivo; donde el territorio y las personas que lo constituyen influyen –y de qué manera– en el resultado final.

Pero para que ese arco de transformación se produzca existe una condición indispensable: meter a tu personaje en problemas. Y para ello, nada mejor que un buen punto de giro. Así que, si bien el primer encuentro de Islabentura supuso el primer punto de giro de esta historia, ése en el que los dieciséis participantes nos conocimos y entramos al unísono en una dimensión desconocida; el segundo punto de giro se produjo en Gran Canaria, donde tomamos conciencia de que las historias no se escriben solas y que había llegado el momento del arreón final.

Todo para llegar al momento culmen. Al clímax de esta historia. El último encuentro en La Palma donde se celebraría el pitch final. Pocas situaciones producen más terror para un guionista que un pitch. Cuando estás acostumbrado a que sean tus textos los que hablen por ti, el miedo escénico que provoca contar tu historia en solo cinco minutos ante un auditorio puede provocar que el cagómetro se dispare hasta niveles insospechados. Y quizás habría sido el caso si no fuera por el lujo de haber podido contar con Josep Gatell, quien nos aconsejó y nos orientó durante todo el proceso previo. Su presencia, sumada a la de los tutores y los compañeros hicieron que aquel día incluso llegáramos a disfrutar sobre el escenario mientras contábamos nuestras historias.

A partir de ahí, los niveles de tensión del último encuentro disminuyeron mientras nos preparábamos para la gala final. Una fiesta elaborada con esmero y con mimo por el increíble equipo de Islabentura y que, en mi caso, culminó con una mención de honor para Tres días de julio que puso el broche de oro a esta experiencia.

 

 

Como he tratado de expresar en estas líneas, este laboratorio ha supuesto mucho más que una experiencia profesional; ha sido un viaje plagado de emociones, aprendizaje y grandes momentos. O, dicho de otro modo, Tres días de julio no es más que el resultado de una historia que quedará para siempre grabada en el recuerdo: Islabentura 2025.