Isaí Escalada GalianoProceso Creativo

ESCENAS QUE NO ESTARÁN EN EL GUIÓN

Hace más de un mes que llegamos de La Gomera y no he podido pararme a escribir sobre ello; y ahora que tengo un rato siento que ya está todo dicho: que Islabentura es lo más, que los talleres fueron un auténtico regalo, que lo pasamos increíble y que toda la gente con la que compartí aquella semana se va a quedar para siempre en mi corazoncito.

¡Qué suerte la mía! ¡Qué suerte la nuestra!

Y entonces… ¿sobre qué llenar las líneas de esta publicación?

Estos últimos días, en los que he acompañado a un familiar y he pasado noches en el hospital, me ha dado por pensar mucho en lo peculiar que son los procesos creativos y en la fortuna que tenemos quienes nos dedicamos a escribir (nos remuneren o no por ello). Fortuna de poder evadirnos con nuestras historias, fortuna de que nuestros personajes nos hagan más ligera la existencia, y fortuna de tener un salvavidas imaginativo al que aferrarnos cuando fuera se vislumbran turbulencias.

Y es que allí estaba yo, en medio de toda aquella triste negrura, teniendo que escribir una comedia.

¿Y eso cómo se hace?

No haciendo nada, supongo, o haciéndolo todo; dejándose llevar e imaginando. Imaginando qué pasaría y de qué hablarían Bony y Yaiza, los protagonistas de mi serie, si ellos estuvieran en mi misma situación. Si, por ejemplo, a ella la hubieran tenido que hospitalizar y él hubiera tenido que cuidar de ella. ¿Qué harían? ¿Qué se dirían? ¿Cómo se mirarían?

BONY: Con ojitos de enamorado.

YAIZA: No como los de al lado, que parecen dos perros apaleados.

Está claro que él no se separaría ni un segundo del lado de su mujer y que ella se sentiría mucho más aliviada por tener a Bony a su lado. Me imaginé su habitación llena de flores y globos de helio, una caja de bombones empezada y revistas del corazón para hacer más llevadera la espera. Vislumbré también un pintalabios rojo en la mesilla y un esmalte de uñas, del mismo color, con el que ella le pintaría las uñas a él como pasatiempo. En algún momento, me imaginé a Bony sacando un paquete de donuts de azúcar para consentir a escondidas a su mujer, pese a las restricciones de las enfermeras, y a ella sacudiendo las migas sobre las sábanas para no ser pillada. Y me la imaginé también a ella queriéndose marchar del hospital, pese a no tener todavía el alta, sin soportar más el estar tumbada y queriendo ir a cantar en las verbenas.

Y seguí imaginando e imaginando e imaginando.

¿Serían capaces de montar allí mismo un karaoke?

Y la noche se volvió menos noche.

Y llegó otra vez el día.

Y entonces pensé qué suerte la de tener una historia entre manos, qué suerte la de que me acompañen unos personajes tan carismáticos en estos momentos, y qué suerte la de que, con un bolígrafo y un papel, se pueda uno transportar a donde quiera.

Qué curioso esto de crear.

Incluso cuando las circunstancias nos son las más propicias.

Qué suerte.

Y tan solo una pena: que el tiempo siga avanzando y el final de esta aBentura asome ya a la vuelta de la esquina.

No quiero.

Pero… ¿y si es solo el comienzo?