
Los últimos meses los lunes han sido sábado, me despierto a las diez de la mañana. Estoy sentada en ese trono matutino cuando suena el móvil. No es un número que tenga en la agenda, pienso:
—Serán los de la empresa de reparto.
Había pedido veinte bolas de espejo para una fiesta temática disco y no sabía si iban a llegar a tiempo. Esperaba escuchar el acento del señor pakistaní que me suele traer los paquetes. Pero no es el repartidor. Una voz femenina, cálida y animada me da la noticia:
—Raquel, querida, te llamo para decirte que has sido seleccionada en IsLABentura 2026 y que eres una de nuestras PROTAGUIONISTAS.
Wow. ¿Qué? Yo ya me había imaginado revisando la lista y diciéndome “otra vez será”. Pero María José me cambia el guion. Al colgar llamo a mi madre. A ella es a quien le doy primero las buenas noticias. Ya le he explicado que es un laboratorio, una residencia, un pitch, un dossier, controla la jerga como una experta. Me da la enhorabuena y corre a contárselo a todas sus amigas. Y a ellas les explicará que es un laboratorio, una residencia, un pitch y un dossier.
Entonces empieza el vértigo. Tengo que documentarme. El bi-aje de Lucas transcurre en el Yumbo. Mi agenda no incluye museos ni archivos. Incluye vivir lo que vive Lucas: llegar a Maspalomas, ver banderas arcoíris ondeando, cuerpos tostados al sol, camisas apretadas, lentejuelas y diversión. Y pienso que soy un fraude,que otros proyectos son importantes y yo estoy de divineo por el Yumbo. Me voy rayando, se lo cuento a mis amigos, ellos me dicen que pa’ lante, que mi proyecto es igual de importante y que si me han seleccionado por algo será. Hago como que les hago caso, pero sigo con el runrún.
Las semanas hasta el veinte de abril pasan rápido. Las bolas de espejo llegan a tiempo y celebro la fiesta, una amiga viene a verme de Madrid, la banda de mi chico queda segunda en un concurso, lo celebramos. Llego el lunes veinte a Tenerife algo ronca. Hago esfuerzos para memorizar los nombres con precisión y no hacer el ridículo. Conozco a María José que nos recibe sonriendo y me reencuentro con Lorena. Las dos nos hacen sentir en casa.
Dejo las cosas en la habitación y veo que en la bañera hay unos chorros, se lo anuncio a todo el mundo:
—¡HAY CHORROS EN LA BAÑERA, DEBERÍAN PROBARLOS!
Conozco a mi tutora Yolanda, me habían hablado muy bien de ella y en esa primera charla lo puedo corroborar. Fijamos retos. Escribir suele relacionarse a algo solitario pero estoy aprendiendo que es más un juego en equipo.
Ese primer encuentro es corto, me dan ganas de seguir conociendo a mis compañeros. Es un grupo divertido, se tira mucho del humor, y el humor es mi lenguaje del amor, así que me siento bien.
Al día siguiente paseamos por La Laguna con un guía. Me resulta curioso pasear por la ciudad que fue testigo de mi adolescencia como turista. Me dan ganas de hacer mi tour alternativo “Aquí me peleé ” “Aquí me di unos besos” “Aquí hacíamos botellón” Pero el tour del guía es sin duda más interesante. Descubro cosas que desconocía y miro el lugar con otros ojos. De ahí a la rueda de prensa, fotos, fotos, fotos y un taxi que me lleva al aeropuerto.
Y aquí viene otra de las cosas que llevaba quitándome el sueño las últimas semanas:
CONDUCIR
Nur y Nuria, las simpatiquísimas y profesionales mujeres que trabajan en la Gran Canaria Film me habían dado dos opciones:
A: Alquilar un coche para que me pudiese mover libremente.
B:Ponerme un conductor que me llevase a donde yo necesitara.
Elegí la A. Me saqué el carnet a la sexta. Luego conducía la antiquísima furgoneta de mi madre a todos lados. Luego me mudé ocho años a Madrid y dejé de coger el coche. Y ahora le tenía miedo. Pero me había propuesto superarme a mí misma. Lucas también tiene miedos. A conducir, a estar solo, a ser él mismo. Me propuse ser una guionista de método (imagínate si estuviera haciendo un thriller, a lo mejor acababa en la cárcel) conducirme yo misma del aeropuerto al hotel y tener el coche para el día siguiente hacer una excursión. Tardé un rato en arrancarlo, no sabía dónde meter la llave, los coches modernos van a botón, claro. La carretera estaba despejada. Hacía sol. Fue hasta agradable. Nada más llegar al hotel salí a documentar, libretita en mano, me senté en uno de los restaurantes del Yumbo a comer. Empiezo a desmontar mitos, a sacar conclusiones nuevas. Pensar tu historia en el lugar donde ocurre es un privilegio. La creatividad aparece fácil cuando lo único que tienes que hacer es eso: crear. Me nutro de todo lo que veo y oigo. Me meto en hoteles, hablo con recepcionistas. Contacto con una app de ocio gay que termina siendo hostil conmigo. Y ahí aparece algo interesante: el rechazo al de fuera, al curioso, al que no participa activamente.
Al día siguiente es mi excursión a Fataga, mi personaje huye del ambiente turístico y yo voy a hacer lo mismo. Me habían dicho que la carretera era fácil… Curvas, camiones, ciclistas, el coche se me cala pero menos mal que es moderno y arranca solo. Voy sudando y temblando. Lentito, disfrutando del paisaje como puedo. Hay coches de rally investigando el terreno para una carrera que se hará el fin de semana. Uno casi se me choca de frente. Respiro. Cuando por fin llegué a Fataga entendí por qué tenía que someterme a esto: por sentir la recompensa de enfrentarse a algo que daba miedo. Como Lucas que tiene miedo a tantas cosas, ¿cómo se siente cuando lo mira de frente y actúa en consecuencia? Paseo por el pueblo, hablo con algún lugareño, me compro un Nestea para poder entrar al baño de un bar y me voy de allí por la misma carretera, despacito. Aparco el coche al lado del hotel y no lo vuelvo a coger hasta irme.
Mi último día de documentación decidí ir al chiringuito nº6 en la Dunas de Maspalomas. Es donde se reúnen, desnudos o no, los hombres homosexuales. Amanece nublado, pero cuando estoy rodeada de arena empieza a hacer calor, todo arde, obviamente me olvidé la crema protectora. Camino como si estuviera en el desierto. Pienso que al doblar la esquina aparecerá el mar, pero no aparece. Veo a una pareja de chicos con una sombrilla y les sigo. Al fin doy con el chiringuito. Me acuesto en una hamaca rodeada de hombres extranjeros de mediana edad. Nunca había pagado por una hamaca y sombrilla en la playa, pero después de mi travesía me merecía ese momento lujoso.
Observo, observo mucho. Y pongo la oreja. Anoto frases divertidas que escucho. Me siento como una detective. Vuelvo al hotel a descansar, porque esa noche es la gran noche. Miguel y Renata me llevan de excursión por el Yumbo. Llevan más de veinte años saliendo por la zona. Todos les saludan, a él lo llaman Papá Miguel. Empezamos viendo unas drag queens, es el aniversario del Funny Boys y hoy estrenan espectáculo. Pero no podemos quedarnos ahí toda la noche. Subimos y bajamos escaleras, me señala sitios:
—Ahí dejas la ropa en la entrada.
—Ese sitio es para F****, este otro también.
—Este sitio es leather, aquí no bailan, son muy serios, pero sí puedes F****
¿Y para hablar? ¿No tienen sitios para hablar? Me abruma y me divierte. Miguel me advierte que no hay mucha gente, que será una noche tranquilita. Mejor, así podemos caminar sin chocarnos. Apunto todo lo que me cuentan, me parece oro. Esa noche me acuesto a las cuatro de la mañana llena de sabiduría.
Amanece en Maspalomas con un sol espléndido, el sol que llevaba escondiéndose todos estos días. Dejo el coche medio mal aparcado en el Rental Car y el trabajador me echa una mala mirada. Perdón, necesitaba que ese coche ya no fuese responsabilidad mía. Volvemos a Tenerife para un fin de semana intenso, vulnerabilidad, emociones y palabras. Aprendo mucho, me río bastante también. Se piden deseos con botellas de vino, se brinda con la izquierda y se canta el cumpleaños feliz. Comemos, comemos mucho, las digestiones son difíciles. Después de la última cena unos cuantos salimos a bailar, pedimos “la de Quevedo”. Siempre que nos queríamos ir nos ponían un tema mejor que el anterior.Llega el momento de retirarse, en un par de horas tenemos que estar de pie de nuevo.
Al día siguiente en el aeropuerto hay un pequeño incendio y sacan a todo el mundo fuera. Cuando llego hay algo de caos, mis compañeros que se van a Madrid tienen cara de angustia por si pierden el vuelo. Poco a poco todo vuelve a la normalidad. Tengo ganas de llegar a casa y ver a mi perra.
Todavía sigo asimilando la ABENTURA. Por fuera voy de tipa segura y carismática. Por dentro, repaso cada tontería que hice como si fuera una sentencia para declararme estúpida. Pero la realidad es otra: nadie está pensando en mí. Están pensando en lo bien que se lo pasaron. Mi
lado de actriz vulnerable hace ruido, pero ya lo conozco. Tengo la batería social agotada, la cabeza llena de ideas.
Quedan dos meses para el segundo encuentro en La Gomera y sé que se van a pasar volando. Ahora toca escribir. Lucas, se me han ocurrido nuevos disparates en los que meterte.






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