Ben ManzaneraBlog 2026

UN VIAJE PARA DAR VERDAD AL GUION

Desarrollar una historia localizada y/o ambientada en un lugar que no conoces de primera mano puede ser un gran error a la hora de escribir un guion. Peor aún cuando ese lugar está en el ADN del relato, cuando tus mundos de ficción no pueden existir si no es justo ahí, o cuando el germen del que brotan las distintas ramificaciones de la fábula en cuestión se encuentran de forma inequívoca en ese punto geográfico exacto. Y eso es algo en lo que isLABentura Canarias pone mucho empeño: en que se sientan las islas en cada frase, en cada escena y en cada arco de personaje. Por eso mismo, la semana de bienvenida al laboratorio consiste precisamente en sumergirse de pleno en la ubicación de tu epopeya, crónica o «aBentura» como fuente de conocimiento, documentación y creatividad.

En mi caso, con «El Velorio de los Angelitos» tocaba visitar La Gomera no solo para conocer el ritual funerario que vertebra esta fantasía en clave de terror, sino también para acercarse a la tradición, la cultura y las gentes, explorar las carreteras, los bosques y las montañas, o adentrarse en las ermitas, las playas y los rincones de un enclave mágico que solo he hecho más que descubrir y al que estoy deseando volver (y «revolver»). ¡Menuda experiencia!

En este viaje se unió a mí un compañero de excepción que no solo hizo de guía turístico, sino que me condujo por misteriosos terrenos y preciosas rutas mientras me explicaba curiosidades, anécdotas, detalles históricos y personas que podían ayudarme a elaborar mi película de animación. Al mismo tiempo, logré agendar diversas reuniones con expertos en folclore canario como Miguel Ángel Hernández Méndez, Jonathan Santos o Carlos Jesús Pérez Simancas (este último en Tenerife) que me ayudaron a corroborar informaciones que yo ya había estudiado, pero que ahora cogían un nuevo cariz, diferentes colores y enraizadas texturas.

El merendero de la Laguna Grande, el bosque de El Cedro, los miradores de la Degollada de Peraza y de Igualero, las ermitas de Lourdes, de La Dama y de San Pedro… fueron algunas de las paradas que hicimos en el camino y que me hicieron darle otra vuelta de tuerca a este cuento de inspiración gomera, embellecerlo y darle verdad. No solo eso, sino que las calles de San Sebastián de la Gomera, su puerto pesquero, su biblioteca municipal o su iglesia me sirvieron para ponerme en el papel de mis protagonistas y experimentar en mis propias carnes lo que ellos sienten al recorrer las calles o sentarse en una terraza de la isla en algunas de las secuencias que conforman las páginas del guion.

También hubo tiempo de hacer piña con los compañeros, intercambiar impresiones, soñar juntos con cómo serán nuestros futuros filmes, y conectar de una forma muy especial gracias a inquietudes y metas en común. Hay quien dice que acabaremos siendo una secta (¿como la de mi obra quizás?) y lo cierto es que la magia, la chispa, ya ha surgido entre los dieciséis participantes, los tutores y la organización, así que este emocionante trayecto hasta la producción de un producto audiovisual “con cara y ojos” puede dar mucho de sí. El tiempo dirá.

De momento, está siendo un principio único e irrepetible. La mejor forma para hilvanar nuestras historias y que, como dice la directora de isLABentura Canarias, María José Manso, “que Canarias suene y se escuche, y se vea, y se palpe, y se entienda, y se coma, y se huela, y de todo”.